Apendicitis aguda: claves diagnósticas en TC

Apendicitis aguda: claves diagnósticas en TC

La apendicitis aguda es una de las causas más frecuentes de dolor abdominal en urgencias y requiere diagnóstico oportuno para evitar complicaciones. Aunque la evaluación clínica es fundamental, la tomografía computarizada (TC) se ha consolidado como el método de imagen de elección en pacientes adultos, debido a su alta sensibilidad y especificidad. Por ello, conocer sus hallazgos clave resulta esencial para un diagnóstico preciso.

Hallazgos directos en TC

En primer lugar, el signo más importante es la dilatación del apéndice, generalmente mayor a 6 mm de diámetro. Además, la pared apendicular suele encontrarse engrosada y con realce tras la administración de contraste.

Asimismo, la presencia de apendicolito (fecalito) refuerza el diagnóstico, especialmente cuando se asocia con cambios inflamatorios. En algunos casos, también puede identificarse líquido en la luz apendicular.

Hallazgos indirectos

Por otra parte, la TC permite detectar signos inflamatorios en los tejidos circundantes. Entre ellos destacan la estriación de la grasa periapendicular, el engrosamiento del ciego y la presencia de líquido libre.

Además, en casos más avanzados, pueden observarse complicaciones como abscesos, flemón o incluso perforación, evidenciada por la presencia de aire extraluminal.

Utilidad en el diagnóstico diferencial

La TC no solo confirma la apendicitis, sino que también permite descartar otras causas de dolor abdominal, como diverticulitis, enfermedad inflamatoria intestinal o patología ginecológica. De este modo, se reduce el riesgo de diagnósticos erróneos y procedimientos innecesarios.

Importancia clínica

Un diagnóstico temprano mediante TC permite iniciar tratamiento oportuno, ya sea quirúrgico o conservador en casos seleccionados. Además, ayuda a disminuir la tasa de apendicectomías negativas y las complicaciones asociadas.

La tomografía computarizada es una herramienta fundamental en el diagnóstico de la apendicitis aguda. El reconocimiento de sus hallazgos directos e indirectos permite confirmar la enfermedad, evaluar su gravedad y orientar el manejo clínico adecuado.