Dolor abdominal postquirúrgico: evaluación por imagenología

Dolor abdominal postquirúrgico: evaluación por imagenología

El dolor abdominal después de una cirugía constituye un reto diagnóstico frecuente. Aunque en muchos pacientes forma parte del proceso normal de recuperación, en otros casos indica complicaciones que requieren detección oportuna. Por ello, la imagenología cumple un papel fundamental al distinguir hallazgos esperados de alteraciones patológicas.

En la práctica clínica, la tomografía computarizada (TC) se utiliza como herramienta principal en la mayoría de los escenarios. Este método permite identificar de forma rápida colecciones, hemorragias, neumoperitoneo persistente, obstrucción intestinal, íleo prolongado y dehiscencias anastomóticas. Además, el uso de contraste intravenoso facilita la evaluación de isquemia, abscesos y posibles fugas intestinales.

Por su parte, el ultrasonido ofrece una alternativa inicial en pacientes seleccionados. Este estudio detecta colecciones superficiales, abscesos localizados y complicaciones biliares. Asimismo, su amplia disponibilidad y la ausencia de radiación lo convierten en una opción adecuada para el seguimiento, especialmente en pacientes pediátricos o en estado crítico.

En situaciones específicas, la resonancia magnética (RM) aporta información adicional, sobre todo en la valoración de tejidos blandos y complicaciones ginecológicas postquirúrgicas. Aunque se solicita con menor frecuencia en el contexto agudo, este método resulta útil cuando se requiere evitar radiación ionizante o ampliar la caracterización de los hallazgos.

El radiólogo debe considerar el tiempo transcurrido desde la cirugía, el tipo de procedimiento realizado y la evolución clínica del paciente. Esta correlación permite interpretar los hallazgos de forma adecuada y reducir errores diagnósticos asociados a cambios postoperatorios normales.

En conclusión, la imagenología desempeña un rol esencial en la evaluación del dolor abdominal postquirúrgico. La selección adecuada del método de imagen y su correlación clínica permiten un diagnóstico preciso, orientan el manejo terapéutico y mejoran el pronóstico del paciente.